Amanecer en Miami

Ver salir el sol detrás del océano Atlántico es una experiencia bellísima. ¡Qué afortunada soy de poder verlo cuando quiero! Me levanto cada mañana cuando aún es oscuro. Me visto rápido, paseo a Matilda, regreso a casa y salgo a correr antes que el cielo empiece a aclarar. Comienzo la carrera entre la 1st court y la 7th street -justo debajo del paso del tren-, continúo por la 7 hasta Brickell avenue, doblo en la 8, cruzo el puente hasta Brickell Key y doy dos vueltas a la pequeña isla. En el segundo giro es cuando usualmente ocurre la maravilla. El sol brillante, casi rojo, se asoma por el horizonte. Toda la bahía azul que separa a Miami de Miami Beach, con Fisher Island a lo lejos, se llena de amarillos y naranjas. Así amanece.

Esta mañana fue muy reflexiva. El regreso a casa desde la isla lo hice trotando automáticamente mientras mi mente se ocupaba de otras cosas. Iba tan concentrada en mis pensamientos que ni si quiera recuerdo la música que sonaba en mi iTunes. Empecé recordando Portugal, el estado más occidental de Europa. Cuando vivía en Sevilla, conduje hasta allí por primera vez. Un par de años más tarde, ya asentada en Madrid, volé a Lisboa. La capital no me impactó tanto como esperaba, pero la playa más próxima, Carcavelos, era preciosa. Ambos viajes tuvieron una cosa en común: había visto los atardeceres más bonitos de mi vida. El sol desaparecía detrás del Atlántico creando una amplia gama de rojos y violetas. Las aguas parecían llenarse de lavas de fuego. Y luego, la oscuridad de la noche absorbía el último rayo de luz. Hoy me resulta gracioso pensar que ese mismo sol que se escondía radiante es el mismo que aparece unas horas más tarde del otro lado del mar en las costas de Florida. El mismo que hoy alegra mis mañanas.

Mientras seguía corriendo en modo automático, el segundo pensamiento que me mantuvo ausente de la realidad fue el partido del Miami Heat de ayer. Mientras cruzaba por el nuevo Brickell City Center, me decía a mí misma que seguramente el amanecer de hoy no habrá sido tan placentero para los jugadores de los Heat como lo sido para mí -si es que ya se han despertado, claro-. Anoche perdieron contra los Oklahoma City Thunder por doce puntos (106-94) como continuidad de una temporada que no parece ser la suya. Yo había llegado al American Airlines arena justo antes de que empiece el partido. Tomé mi lugar y disfruté del show. Hacía mucho que no iba a un juego. La partida comenzó con la ventaja de los Thunder y los Heat no pudieron hacer nada para invertir la situación durante los cuatro cuartos. Cada vez que los rojiblancos parecían acercarse, los azules se las arreglaban para dejarlos atrás por al menos diez puntos. Iba con la ilusión de ver lo mejor de Hassan Whiteside pero creo que no fue la noche en la que el gigante de 2.13 metros hizo uso de sus habilidades. Russell Westbrook fue la estrella de la noche.

En fin, percibir la belleza del amanecer, por muy objetivo que parezca, tiene mucha carga subjetiva. Las vivencias de las personas y el pasado inmediato influyen muchísimo. Llegué a mi punto de partida 35 minutos después como de costumbre. Mi RunKeeper me indicó que corrí 3 millas. Estiré mis músculos a orillas del Miami River, me duché y acabé desayunando en Toasted Bagelery and Deli donde empecé a escribir este texto.

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