El Rally Dakar ha pasado por Quitilipi

¡El Dakar pasó por Quitilipi! Si mi pueblo natal se emociona cuando una chica cumple quince años y la celebración es tema público una semana antes y una semana después, imaginaos el entusiasmo de los quitilipenses al enterarse que el famoso rally que se disputa desde 1978 iba a pasar por estas tierras. Mi padre me lo contó anoche súper emocionado. Su nueva casa está a orillas de la ruta nacional 16, exactamente por donde hoy han pasado las motos, los cuadriciclos, los coches, los UTVs y los camiones provenientes de Resistencia.

La segunda etapa de esta competición que empezó ayer, lunes 2 de enero, en Asunción del Paraguay, largó esta madrugada de la capital de la provincia del Chaco con destino a San Miguel de Tucumán. Los competidores tendrán que recorrer cerca de 800km para llegar al segundo destino. Cuando lleguen habrán sumado 1.600km entre las dos etapas y aún les quedarán otros diez tramos por delante, pasando por La Paz (Bolivia), hasta terminar en Buenos Aires el 14 de enero. ¡Es una carrera muy larga y extremadamente dura!

Mi despertador sonó a las 5:30 esta mañana. Me costó muchísimo despertarme. Estaba tan a gusto durmiendo con aire acondicionado en la oscuridad de mi habitación que deseaba quedarme allí todo el día. Les recuerdo que aquí, en verano, las temperaturas alcanzan fácilmente los 40ºC. Pero hice un esfuerzo y a las 6 ya estaba vestida para ir a correr. Cuando salí a la vereda, con el sol recién amanecido, me resultó extraño ver gente fuera. Usualmente la pequeña ciudad no se despierta hasta después de las 8. Luego entré en razón. Todos iban a la ruta a ver el Dakar.

Corrí los 30 minutos de siempre y me dirigí a la casa de mis padres a tomar mates. Al llegar vi como la gente se había acomodado a ambos lados de la ruta. La municipalidad construyó unas gradas justo en la entrada del pueblo. “¡Qué peligro!”, pensé por un momento pero todo estaba bajo control. Algunas personas llevaron sus propios sillones, otros estaban sentados en sus coches o en sus motocicletas. Había gente de pié e incluso unos trabajadores imparables que aprovecharon la ocasión para montar un asador y vender tortas a la parrilla. Mi padre levantó un toldo en la banquina para proteger a sus amigos del sol. Todos estaban muy emocionados. Aplaudían y echaban fotos hasta a los camiones que transportaban las cubiertas de repuesto. Es divertido como nos sorprenden las cosas diferentes.

No solo vimos pasar a las estrellas, también cruzaron frente a nosotros las familias de los pilotos, sus acompañantes, los técnicos, bomberos, policías, ambulancias y todas las personas que hacen posible el Dakar. Algunos de ellos respondían a los aplausos tocando el claxon y saludando. Otros iban más concentrados, quizás intentando no chocar a los que se se acercaban demasiado. Los espectadores que estaban frente a nosotros habían preparado carteles e inflado unos globos con mensajes de buena suerte. No paraban de hacerse selfies.

Desde el año 2009 el rally se lleva a cabo en Latinoamérica, teniendo a Buenos Aires como principal anfitriona. Anteriormente se realizaba en Europa y Africa, partiendo mayoritariamente desde París (Francia), hasta Dakar, la capital de Senegal. Pero luego de que la edición de 2008 se suspendiera por amenazas terroristas, más las denuncias por las muertes de civiles que se acercaban a ver la carrera y los movimientos sociales en contra de la celebración de la competición en los países africanos donde la gente vive en condiciones extremas de pobreza, los organizadores decidieron trasladar el evento anual a América Latina. Aquí la gente recibió el rally con mucho orgullo.

Yo vivía en Buenos Aires cuando empezó a celebrarse el Dakar en Argentina y en países limítrofes, pero ese primer año no fui a la Rural a ver el acto inaugural. No fue hasta el año siguiente, el 2010, durante la segunda edición del Dakar en Latinoamérica, que mis padres fueron a visitarme y me pidieron que los llevara a ver la largada en la 9 de Julio. Así lo hicimos. Todo el área del obelisco estaba llena de gente y de fanáticos de los motores. Fue muy difícil llegar a la primera línea para ver los vehículos desde cerca pero lo logramos. Mi mamá llevó consigo un cartel que decía Quitilipi-Chaco y mi papá se compró una bandera del rally. De hecho, hoy la buscaba para agitarla. ¡Cuánta adrenalina!

Después de unas horas me cansé de contar ruedas y regresé a casa, pero he de reconocer que la gente me contagió su alegría y se sintió una linda energía.

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Dakar Argentina

Welcome to Buenos Aires

El viernes a las 9.30am aterrizó mi avión en el aeropuerto de Ezeiza. “¡Qué calor!”, dije a lo alto apenas puse un pié fuera de la aeronave. Me había olvidado de las altas temperaturas a las que llega Buenos Aires en verano. El proceso de inmigración fue raramente rápido. Usualmente hay una cola larguísima. El problema empezó en la recogida de equipaje. Literalmente todos los pasajeros de mi vuelo estuvimos una hora y media esperando que salieran las piezas por la cinta. Por supuesto no esperaba que se respetara la prioridad de los billetes. Ni si quiera las maletas de la tripulación salieron primeras. El capitán estaba furioso.

Deseaba profundamente abandonar el aeropuerto pero aún debía pasar por SENASA (el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria). Argentina es el único país de los que he visitado que cobra por ingresar y sacar a una mascota del territorio. Y también es el único que no permite que los cachorros caminen por las instalaciones de la terminal. En Europa y en Estados Unidos los animales pasean felices con los pasajeros e incluso tienen áreas cerradas para que puedan correr libremente y hacer sus necesidades después del vuelo. Puedo entender que Buenos Aires no tenga el dinero para invertir en esa comodidad, pero una actitud amable y abierta con los cuadrúpedos no puede hacer tanto daño. “¡Por qué no se preocupan por los verdaderos problemas!”, suelo pensar. Poner obstáculos como éstos solo ahuyenta al turismo.

El remisero que me recomendó mi amiga no me esperó tanto tiempo y se marchó. Fue un verdadero contratiempo porque tenía una mañana planeada que no pudo ser. Al salir de la aduana tuve que buscar un taxi. Me llovieron ofertas: 900, 950, 850 y si seguía esperando los precios podrían haber seguido variando. Me molestaba saber que el remís me iba a cobrar 380 pesos argentinos y que los taxistas cobraban lo que les parecía. Otra imagen negativa para los que vienen a dejar dinero en nuestro país. Ya montada en el coche y llegando a Puerto Madero, otro taxi frenó al lado de nosotros en el semáforo. En el ventanilla trasera ponía “Fuera Uber”. ¡Qué gracioso! Yo pensaba que Uber no existía en Argentina y no lo utilicé. Tal vez con un poco de competencia como esa los taxistas se esforzarán en brindar un mejor servicio y respetarán más a los viajeros.

Lo mismo debería suceder con Aerolíneas Argentinas. Los que combinan vuelos internacionales con cabotajes sabrán lo incómodo que es cambiar de aeropuerto. Para llegar de Ezeiza a Aeroparque hay que atravesar la ciudad. Yo personalmente opto por quedarme un día en Buenos Aires antes de tomar el siguiente, aunque me lo estoy replanteando. No vendría mal un servicio de autobús – de la aerolínea o de Aeropuerto Argentina 2000 – que conectara ambos aeropuertos. Supongo que el mal servicio tiene que ver con el monopolio de la compañía. Aerolíneas es la única empresa que vuela a Chaco y a Corrientes (y a la mayoría de las provincias) y sus tarifas son altísimas comparadas con trayectos similares en otros países. Los kilos de equipaje permitidos por persona son 8 kilos menos que los 23 kilos que permiten la mayoría de las empresas aéreas (no las de bajo coste) y su personal de tierra parece estar forzado a trabajar porque derraman antipatía desde la facturación hasta el abordaje. Otra cosa: ¡LLevar a Matilda en cabina me costó casi lo mismo que un segundo pasaje! ¡Y ni si quiera ocupa otro asiento! Es más de lo que vale traerla de España o Miami. Una locura. No voy a decir nada de las galletitas y los dulces que te dan a bordo ¡Qué asco y encima poco saludable! Al final lo dije.

Lo último que les voy a contar es sobre las cafeterías. Como sabrán, con las medidas de seguridad de los aeropuertos no se puede ingresar al área de embarque con líquidos y beber es una de las acciones más naturales que hacen los viajeros. Los quioscos de los aeropuertos de Buenos Aires no venden agua porque las botellitas de 400cc son monopolio de la cafeterías. La cafetería Havanna las vende a 45 pesos (casi 3 dólares americanos), el 300% de su valor en quioscos. ¡Y no las podes comprar en otro sitio, ni siquiera en una maquina expendedora! En Aeroparque me senté a tomar un café en otro Havanna. Quería la tarta de calabacín del manú, pero a las 9 de la mañana ya se habían quedado sin ella. Tomé un sandwich tostado de jamón y queso en su lugar. Luego me apetecía un latte café en vaso de vidrio pero la desabrida camarera respondió que solo “venían en tazas”. Si los cafés no vienen preparados, me pregunto: ¿es tan difícil coger uno de los tantos vasos amontonados en la repisa y prepararlos o descargarlos en uno de vidrio? Tampoco le importó que le haya pedido media medida de café de lo que normalmente lleva. El latte vino oscurísimo como un café con leche normal. En mis años de Marketing aprendí que hay que escuchar y satisfacer lo que el cliente quiere para hacer que regrese. Eso aquí no existe. ¿Tendrá que ver con que las propinas están incluidas en el precio o no existen, o simplemente es la falta de opciones? Espero no volver a tener hambre en el aeropuerto. Lo único que puedo rescatar de bueno -hasta ahora- es que dentro del área de embarque no tengo que preocuparme de que me roben el bolso como en el Starbucks de Puerto Madero donde implementaron unos ganchos para evitar hurtos dentro del local ¡Qué estrés!

Deseo que el 2017 sea el año para mejorar. ¡Feliz 1.º de enero!

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Starbucks de Puerto Madero, Buenos Aires